Opinión

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Planificación urbana integrada a la Gestión del Riesgo de Desastres

Por: Magdalena Vicuña, Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales UC, Investigadora asociada Cigiden y Allan Lavell, coordinador del Programa de Investigación sobre Riesgo y Desastres de Flacso.

La crisis sanitaria producida por el Covid-19 invita a una discusión profunda sobre la importancia de integrar la planificación urbana a la Gestión del Riesgo de Desastres (GRD). La planificación urbana es una acción prospectiva que busca orientar el desarrollo de las ciudades para garantizar no solo el bien común sino que también mejorar la calidad de vida de las personas. Sin embargo, la planificación urbana en Chile aún no se integra sistémicamente a la GRD, hoy coordinada por la Onemi a través del Sistema Nacional de Protección Civil.

La pandemia constituye una nueva forma de desastre, ya que la exposición al riesgo de contagio no tiene una delimitación territorial, y, aunque no tiene efectos en las infraestructuras, nos impacta muy directamente. Por otro lado, en el contexto del Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastre, es bueno recordar que los desastres no son naturales. Las amenazas externas pueden ser de origen natural o antrópico, pero el riesgo frente a dichas amenazas dependerá de los grados de exposición, susceptibilidad y resiliencia de personas y territorios frente a dichas amenazas.

Aquí, la planificación urbana juega un rol fundamental y la forma en que se desarrollen las ciudades cobrará un rol vital frente al riesgo de contagio por esta y otras pandemias futuras.Hemos constatado con el Covid-19, la estrecha relación entre las consecuencias de la pandemia y la manera en que hemos construido nuestras ciudades. La crisis sanitaria ha derivado en una crisis urbana, en tanto se han agudizado problemas urbanos arrastrados por décadas, como la segregación y la inequidad en el acceso a las oportunidades sociales, culturales y económicas que brinda la ciudad.

En pandemia, además, se hacen más críticas aún las condiciones de hacinamiento y precariedad en el acceso a la vivienda, el transporte, servicios y equipamientos. Este acceso está determinado por las condiciones de movilidad, que afecta de forma diferenciada a los ciudadanos. Es por esto que en la discusión pública, ha vuelto a cobrar importancia el concepto de “barrio” como unidad básica de la ciudad, en el cual sus residentes no solo pueden formar una comunidad cohesionada, sino que también encuentran a la mano los servicios y equipamientos para satisfacer sus necesidades cotidianas.

En esa línea, el Marco de Acción de Sendai (2015) instaló el concepto de riesgo sistémico. Esto conlleva un nuevo paradigma para la Gestión del Riesgo de Desastre, porque refuerza la existencia de factores institucionales, socio-económicos, culturales y territoriales, como la pobreza y el acceso a servicios, que condicionan la vulnerabilidad frente al riesgo.

Durante los últimos 40 años, la GRD ha evolucionado desde el manejo y respuesta a la emergencia, a la incorporación de acciones de prevención, mitigación y reducción del riesgo. Hoy, el enfoque incluye medidas correctivas, prospectivas y compensatorias que requieren la coordinación eficiente y efectiva de políticas públicas. También implica la coordinación de múltiples actores, que requieren identificar sus roles con claridad.

A pesar de estos avances, para la integración de la planificación urbana en la GRD, es necesario reconocer un conjunto de condiciones urbanas que explican los procesos asociados al riesgo. Si no somos capaces de reconocerlas, la GRD se constituirá como un sector más, no integrada al crecimiento y transformación de las ciudades. Debemos reconocer que el riesgo es producto de un desarrollo urbano desigual y que la Gestión del Riesgo de Desastre puede promover el desarrollo sostenible mediante una planificación urbana enfocada en la equidad en el acceso a vivienda y servicios, con buena gestión ambiental e involucramiento ciudadano.


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