Septiembre 24, 2026
La oficialización de las normas de diseño sísmico y cargas de viento marca un hito para la seguridad de las construcciones en Chile. Para Francisco Ruz, director del Instituto de la Construcción y gerente general de R&V Ingenieros, el desafío ahora es asegurar una implementación homogénea en proyectos, revisión estructural, obra, fiscalización y formación profesional.
La seguridad estructural en Chile no es una aspiración abstracta. En un país expuesto de manera permanente a amenazas sísmicas y, en distintos proyectos, a exigencias relevantes por viento, contar con normas técnicas actualizadas, oficializadas y correctamente difundidas es fundamental para resguardar la vida de las personas y elevar el estándar de la construcción.
En ese contexto, la oficialización de la NCh433:2026, Diseño sísmico de edificios, y de la NCh432:2025, Diseño estructural – Cargas de viento, representa un paso relevante para el sector. Para Francisco Ruz, director del Instituto de la Construcción y gerente general de RyV Ingenieros, estas normas son especialmente relevantes porque recogen experiencia técnica acumulada y la transforman en criterios mínimos de desempeño para el diseño estructural.
“En Chile, la seguridad estructural no es un concepto teórico, es una exigencia constante impuesta por la zona sísmica en la cual estamos ubicados. Las normas técnicas representan la experiencia acumulada y aprendizaje tras eventos sísmicos pasados”, señala.

Desde el punto de vista sísmico, Ruz explica que las normas buscan que las estructuras mantengan su integridad global frente a sismos moderados y, ante eventos de gran magnitud, eviten el colapso y resguarden la vida humana mediante el control de deformaciones y la ductilidad del sistema.
En el caso del viento, agrega que la norma permite adaptar los requerimientos a la realidad nacional, recordando que existen proyectos donde el diseño estructural puede estar gobernado por el viento más que por el sismo.
Respecto de la NCh433, Ruz la define como “la piedra angular del diseño estructural en Chile”. A su juicio, una correcta aplicación requiere especial atención a cuatro aspectos: la caracterización geotécnica y clasificación del suelo; la regularidad estructural; el control de deformaciones o distorsiones de entrepiso; y la estructuración y detallamiento dúctil.
El especialista enfatiza que no basta con que un edificio resista las fuerzas sísmicas. También es clave controlar desplazamientos laterales para limitar daños en elementos no estructurales, como tabiquerías, fachadas e instalaciones, y contribuir a la operatividad posterior a un sismo.
Pero la actualización técnica no es suficiente por sí sola. Ruz subraya que el ciclo normativo no termina cuando una norma se redacta en un comité técnico. Por el contrario, “ahí apenas empieza su vida útil”, dice. Y añade que la oficialización entrega el marco legal exigible; porque sin resolución o decreto, una norma quedaría como un documento de buenas prácticas sin fuerza vinculante en la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones.

La importancia de la difusión
La difusión también cumple un rol crítico. Como advierte el ingeniero civil, si calculistas, revisores, constructores e inspectores técnicos no comprenden el trasfondo de los cambios, existe el riesgo de aplicaciones erróneas o resistencias por desconocimiento. “Una norma actualizada solo genera un impacto real en la seguridad pública cuando es adoptada transversalmente y de forma homogénea por toda la cadena de valor”, afirma.
Por tanto, el desafío que viene es sistémico:
De esta manera, la oficialización de la NCh433 y la NCh432 abre una etapa clave: pasar de la actualización normativa a la implementación efectiva. Para el sector, el desafío no será solo conocer las nuevas normas, sino aplicarlas de manera consistente en toda la cadena, desde el diseño hasta la obra, la fiscalización y la formación de los futuros profesionales.

