Julio 23, 2026
Los recientes socavones, cortes de rutas y afectaciones provocadas por el sistema frontal que impactó a distintas zonas del país refuerzan la importancia de incorporar conocimiento técnico en el diseño, construcción, inspección y mantención de obras emplazadas en laderas de dunas, maicillos y otros suelos erosionables. El Manual desarrollado por un comité de especialistas en el Instituto de la Construcción, a solicitud del Minvu, entrega recomendaciones concretas para enfrentar estos desafíos.
Imagen de portada: Desborde de la quebrada Los Loros este lunes, en Puente Zorrilla, en La Serena, región de Coquimbo, (Chile) – HERNÁN CONTRERAS (EFE)
Los recientes socavones registrados en el país, junto con cortes de rutas, activación de quebradas, aumento de caudales y daños asociados al sistema frontal que afectó a distintas zonas del país, vuelven a poner sobre la mesa un desafío clave para la construcción y la planificación urbana: la relación entre agua, suelo e infraestructura.
En Reñaca y Puchuncaví, las autoridades informaron cortes de rutas y evaluación de daños del terreno. En el caso de Reñaca, de acuerdo con los antecedentes publicados, el terreno cedió debido al escurrimiento de agua proveniente desde zonas altas, provocando el colapso de parte de la calzada y afectando la movilidad de vecinos del sector.
Sin entrar en las causas específicas de cada emergencia —que deben ser determinadas por los especialistas correspondientes—, estos eventos muestran la necesidad de avanzar desde una lógica reactiva hacia una cultura preventiva. En particular, cuando se trata de obras emplazadas en laderas de dunas, maicillos o suelos susceptibles a erosión, infiltración o arrastre de material.
En ese contexto, adquiere especial relevancia el Manual de Recomendaciones de Diseño y Construcción de Edificaciones en Laderas de Dunas y Maicillos, lanzado en 2025 por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, editado por la DITEC y desarrollado técnicamente por un comité de especialistas en geotecnia, geología, construcción e instalaciones, en el Instituto de la Construcción.
El documento fue concebido como una herramienta para sistematizar aprendizajes y buenas prácticas derivadas de la experiencia acumulada en obras emplazadas en este tipo de terrenos. Su propósito es entregar recomendaciones y buenas prácticas para la construcción de obras de edificación en laderas de dunas y maicillos, incorporando contextos geológicos, exploración geotécnica, consideraciones sobre de fundaciones, drenajes, canalizaciones, inspección, mantención y reparación de sistemas vinculados al manejo del agua y la estabilidad local y global del suelo en las laderas.

Aprendizajes para futuro
Uno de los mensajes centrales del Manual es que, en laderas de dunas y maicillos, las precipitaciones no deben ser entendidas solo como un problema hidráulico. También son un problema geotécnico, constructivo y urbano. De acuerdo con el análisis técnico compartido por el ingeniero civil Michel Kure, presidente del Comité que desarrolló el Manual, las lluvias pueden generar aumento de humedad, presiones de poros, reducción de resistencia al corte, erosión superficial, formación de cárcavas, socavación de fundaciones y tuberías, obstrucción de colectores, filtraciones y deslizamientos locales o globales.
Por ello, el Manual plantea que el diseño debe abordar la influencia del agua de manera integral. En su capítulo sobre obras de drenaje y canalización en laderas, señala que un sistema de drenaje adecuado es esencial para la estabilidad de terrenos en laderas de dunas y maicillos, dado que el agua es uno de los principales factores desencadenantes de fallas y socavones en estos suelos. Además, establece que un especialista hidráulico debe proyectar obras capaces de captar, conducir y evacuar las aguas lluvias de manera segura, considerando los efectos que puedan influenciar el proyecto y el diseño durante todo su periodo de servicio, lo cual incluye el efecto del cambio climático.
Esto implica no solo dimensionar colectores, sino también diseñar canaletas o cunetas de coronación, bajantes pluviales, canalizaciones cerradas, disipadores de energía y descargas controladas que eviten la infiltración descontrolada y la erosión aguas abajo. El Manual también recomienda respetar el drenaje natural y evitar que la urbanización aumente los caudales descargados hacia sectores bajos o vulnerables.
Otro aspecto relevante es la filosofía de diseño de ductos y drenajes. El manual advierte que estos sistemas deben funcionar en condiciones normales, pero también resistir eventos extremos sin generar fallas catastróficas. En particular, establece que, aun cuando una precipitación supere la capacidad de diseño, deben existir mecanismos que eviten consecuencias graves, como flujos peligrosos, inundación de viviendas, erosión descontrolada, rotura de tuberías o fallas en laderas.
La prevención y la protección también debe estar presente durante la construcción. La ingeniera civil Patricia Rodríguez, vicepresidenta del Comité que desarrolló el Manual, enfatiza que la intervención de una ladera para construcción de obras de infraestructura requiere siempre de la previa evaluación de estabilidad local y global del terreno y su influencia sobre estructuras existentes o proyectadas. A partir de ello, se deben implementar medidas concretas de estabilización y protección que permitan garantizar su correcto desempeño, tanto en las fases de ejecución de las obras, como durante todo el periodo de tiempo en que estas se encontrarán en servicio. Según el análisis técnico del Comité, una obra en ejecución en laderas de duna o maicillo no debiera quedar expuesta únicamente a la espera de su drenaje definitivo. Debe considerar soluciones temporales, especialmente antes del invierno, como cunetas o zanjas, bajadas controladas, bombeo disponible, protección de taludes recién cortados, disipación en descargas, revisión de fugas e inspección geotécnica después de lluvias intensas.
Recomendaciones para mantención
La mantención preventiva es otro punto crítico. El Manual incorpora recomendaciones para mantener canaletas, fosos, drenajes, sumideros y canales sin sedimentos, hojas, basura u obstrucciones; revisar ductos y componentes del drenaje; inspeccionar colectores, cámaras y plantas elevadoras; y programar frecuencias de limpieza según el contexto, la sedimentación y el riesgo asociado.
Estos criterios resultan especialmente importantes en un escenario de mayor variabilidad climática. El desarrollo urbano en terrenos complejos no puede depender solo de respuestas posteriores a la emergencia. Requiere estudios de suelo adecuados, modelación hidráulica, diseño coordinado entre especialidades, ejecución rigurosa, inspección técnica y mantención sistemática durante la vida útil de las obras. En este sentido, Patricia Rodríguez sugiere que una buena práctica es la implementación de programas de inspección periódica del estado de los sistemas de protección superficial o general de laderas y taludes, puesto que permitiría tomar medidas de control o reparación a tiempo.
El desafío no es detener el desarrollo urbano, sino hacerlo mejor. Construir en laderas o en suelos erosionables exige reconocer que el agua no es un elemento secundario del proyecto, sino que debe ser parte central del diseño, de la revisión, de la construcción y de la mantención.
Desde el Instituto de la Construcción, el trabajo desarrollado en este Manual muestra el valor de articular conocimiento técnico especializado para anticipar riesgos y apoyar mejores decisiones. Los eventos recientes deben transformarse en aprendizaje institucional y sectorial. Porque la resiliencia urbana no se improvisa después del temporal: se construye antes, con evidencia, planificación, coordinación y prevención.