Enero 28, 2026
Estándares de ejecución, exigencias técnicas, detección de debilidades de cara al inicio de obras y una hoja de ruta más realista son parte del recientemente lanzado documento oficial “Recomendaciones de diseño y construcción de edificaciones en laderas de dunas y maicillos”, sobre el cual se pronuncian Patricia Rodríguez, Ignacio Santa María y Michel Kure.
El Manual “Recomendaciones de diseño y construcción de edificaciones en laderas de dunas y maicillos”, públicamente presentado el 10 de diciembre por el ministro de Vivienda y Urbanismo (MINVU), Carlos Montes, constituye una referencia de alcance estratégico nacional en el sector, y en cuya elaboración desempeñó un papel esencial el Instituto de la Construcción (IC).
La entidad actuó como secretaría técnica con miras a generar la coordinación público-privada que hizo posible la generación de estas nuevas orientaciones, surgidas a partir de un acuerdo entre la cartera gubernamental y la Cámara Chilena de la Construcción (CChC) a raíz de los socavones registrados en 2023 y el empleo de materiales inadecuados en casos anteriores.
El esfuerzo, que impulsó la definición tanto de criterios de evaluación de riesgo como de las recomendaciones prácticas que están orientadas a proyectistas, revisores y autoridades, pasa ahora a la etapa de implementación, respecto de la cual reflexionan sus especialistas.


El aporte del mapa interactivo
A partir de la advertencia que el propio manual formula sobre la obsolescencia de muchos inventarios oficiales de dunas, Patricia Rodríguez, vicepresidenta del comité que elaboró dicho texto y jefa de Ingeniería de Ferrara, considera que el mapa interactivo que incluye el documento permite “a los profesionales de diversas áreas contar con mejores antecedentes para proyectar en este tipo de suelos”. Y agrega: “Otra opción interesante podría ser articular esta información como parte de los mapas de Sernageomin, donde se incluyen otros aspectos importantes del terreno, tales como geología, riesgos y otros”.
En cambio, señala, “la incorporación a los planos reguladores no parece ser necesaria, pues el uso vinculante no es el objetivo del mapa de dunas, que busca entregar información valiosa sobre las unidades geológicas, desde lo técnico”, sin referirse a la decisión final de construir o no en un determinado terreno.
En ello también coincide Ignacio Santa María, director del IC, para quien “no es necesario relacionar los planos reguladores con los mapas de dunas; solamente deberían prohibirse en los PR las zonas protegidas, ya que cada proyecto que se ejecute en zonas de arenas o maicillos en pendiente necesariamente debe ejecutar los estudios de geología y geotecnia que permitan diseñar los sistemas de fundaciones y protección de los efectos de las aguas en el proyecto”.
En cuanto a las exigencias de estanqueidad y soporte más críticas que plantea el manual en relación con los proyectos de redes sanitarias en pendientes, Rodríguez precisa que “se advierte sobre posibles problemáticas asociadas al trazado, diseño, funcionamiento y revisión de ductos, tuberías, cámaras y otros servicios. Un gran aporte del manual es un formato tipo check list para ser completado por el personal que realiza la inspección y/o mantenimiento de la obra”.


Dicho check list, precisa la profesional, “incluye la identificación de los ductos, su ubicación y uso, así como el registro de los tipos de inspección y mantenimientos que se le han realizado”. Al mismo tiempo, se entrega “una propuesta de frecuencia y oportunidad de realizar inspecciones y mantenciones”, complementa. En el mismo ámbito, “en el manual están descritos los criterios de diseño para evitar los riesgos de filtraciones de las distintas aguas que pueden afectar las construcciones”, acota Santa María.
Sin recetas infalibles
Requerido en torno al maicillo y la detección correcta de los planos de debilidad previos al inicio de una obra, Michel Kure, presidente del equipo que elaboró el manual y gerente general de Kuadrante, explicó que “el maicillo no es un suelo común: proviene de la descomposición de la roca y conserva fracturas y planos internos que pueden transformarse en superficies de falla. El principal riesgo es que estos planos no siempre se ven ni coinciden con la estratigrafía horizontal”.
Por ello, subrayó, “las recomendaciones del manual exigen estudios más detallados, que combinan observación directa del terreno, excavaciones visibles y métodos geofísicos, para detectar estas debilidades antes de construir. Así, el diseño de fundaciones, drenajes y obras de contención se adapta al comportamiento real del terreno, reduciendo significativamente el riesgo de fallas posteriores”.
Patricia Rodríguez remarca esa perspectiva, comentando que “la detección de estructuras heredadas no es trivial y cada terreno presenta sus propias condiciones, por lo tanto, entregar una receta infalible de exploración no es posible ni tampoco razonable. Lo que sí es posible y se aborda en el manual es dar recomendaciones para que los especialistas geotécnicos puedan tener en cuenta al momento de crear su plan de exploración”.
En el manual, “se incluyen recomendaciones de exploración que buscan detectar las estructuras relictas (heredadas). Este tipo de evaluaciones debe ser realizada por un especialista en geología estructural”, agrega la ingeniera civil. En esa dirección, “se recomienda que estas exploraciones mediante sondaje alcancen a la roca para poder ver las transiciones entre suelo y roca y permitir una mejor evaluación del maicillo”, y “se sugiere complementar la exploración mediante sondajes con calicatas o incluso con inspección de taludes naturales cercanos, para observar la continuidad lateral de los estratos y posibles superficies de debilidad”, según puntualiza la profesional.
Por otra parte, en lo referido a qué criterios de resiliencia incorpora el documento para evitar que la infraestructura en laderas costeras colapse en el mediano plazo, Ignacio Santa María aclara que “el documento no trata específicamente esos posibles riesgos”. Sobre el particular, sostienen que, “en general, el aumento de nivel del mar no afecta las construcciones en laderas, aunque podría afectar a las que están en las zonas planas cerca de las costas (para ello existe una Norma Técnica del Minvu (NTM) referente a tsunamis y sus recomendaciones de diseño), y las aguas lluvias deben estar conducidas por los alcantarillados de aguas lluvias, los que sí están tratados en el manual”.
Una hoja de ruta más exigente
Finalmente, los expertos analizaron el impacto que los requisitos complementarios a la norma NCh1508 Geotecnia – Estudio de mecánica de suelos, tendrá en la reducción de los asentamientos diferenciales y fallas de borde que hoy afectan a diversas edificaciones en el país.
“Al complementar la norma NCh1508, el manual introduce una hoja de ruta más exigente y realista para entender cómo se comportan suelos complejos como las dunas y maicillos”, recalca Michel Kure. Esta incorporación “permite detectar a tiempo planos de debilidad, zonas fracturadas y problemas de drenaje que hoy no siempre quedan bien caracterizados. Esto se traduce en diseños de fundaciones y obras de contención mejor adaptados al terreno real”, argumenta.
De esta manera, en la práctica se reducen:
Rodríguez, en tanto, concluye que, “como consecuencia de estas recomendaciones, sugerencias, antecedentes y lineamientos, unidos a la normativa chilena vigente, se logra una base técnica aún más robusta, que permite prever o anticipar problemáticas en este tipo de obras y atenderlas de mejor forma”.
La principal conclusión del estudio realizado por un gran número de especialistas durante un año de trabajo es que se puede construir en laderas de dunas o maicillo, en la medida en que se hagan los correspondientes estudios de geología y geotecnia por parte de expertos, y que se tomen las medidas para evitar la influencia del agua (servidas, de lluvias, agua potable o de canales) en las construcciones y urbanizaciones.