Opinión

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Economía Circular en construcción: La importancia de la gestión aguas arriba

Por: María Fernanda Aguirre, directora ejecutiva de Chile Green Building Council

En septiembre del 2020, el World Green Building Council hizo el lanzamiento oficial de la estrategia “Sustainable Buildings for Everyone, Everywhere” que proporciona los lineamientos con los cuales los 70 GBCs alrededor del mundo estamos trabajando con el objetivo de acelerar la transformación de la industria de la construcción a una que se base en 3 pilares principales como son: acción climática, salud y bienestar, recursos y circularidad.

No es novedad que la construcción es enormemente demandante en el uso de recursos; el sector edificación es responsable del 50% del consumo de materias primas no renovables, el dato es estremecedor, 42.400 millones de toneladas de materiales se consumen anualmente para construir nuevos edificios y por ende nuevas ciudades que son las que en el futuro deberán albergar una población que para el 2050 se incrementará en 27% lo que requerirá que el stock de inmuebles disponibles se duplique.

A nuestro sector, le corresponde la difícil tarea de equilibrar la respuesta a la demanda que implica el dinamismo demográfico al mismo tiempo que se hacen esfuerzos para implementar medidas de conservación de materia prima virgen, agua, energía y suelos. Necesitamos un entorno construido que apoye la regeneración de recursos y naturales sistemas, proporcionando beneficio socioeconómico a través de un próspero modelo de economía circular.

A nivel local, existen o están en proceso, varias iniciativas que tienen como objetivo propiciar la reducción de residuos y la adecuada gestión y valorización de estos. Sin embargo, el enfoque que se mantiene es el del manejo aguas abajo, es decir, cuando el residuo ya está generado y en donde la responsabilidad es de la parte que está a cargo del proceso constructivo. Sabemos que cerca del 80% de los impactos ambientales potenciales de una edificación podrían reducirse en la etapa de diseño y que en promedio 38% del carbono global de un inmueble es incorporado, es decir, proviene de los materiales y productos utilizados no solo para la construcción inicial, sino también de aquellos que son reemplazados y/o reparados a lo largo del ciclo de vida de un inmueble.

De acuerdo con datos entregados por Global ABC (UNEP), se han hecho importantes esfuerzos por reducir el carbono operacional asociado directamente a la demanda y consumo de energía y sin embargo las iniciativas que regulan promueven y financian la optimización de recursos y procesos aguas arriba son mínimas.  En el documento “Zero Carbon Buildings 2050” publicado el año pasado por la Unión Europea, se reporta que con las políticas actuales, se está abordando solamente un 30% de los objetivos de descarbonización, para el 70% restante, una de las estrategias propuestas es generar instrumentos regulatorios para materiales, que incluyan requerimientos y sistemas de apoyo y fomento para análisis de ciclo de vida y en consecuencia ecodiseño (producto) y ecoeficiencia (proceso), los que son variables fundamentales en un modelo robusto de economía circular.

Implementar correctamente la economía circular como modelo económico, tendrá un impacto directo en lograr los objetivos de tener una economía baja en carbono y desacoplar nuestros indicadores de desarrollo de la explotación desmedida de recursos naturales con el consecuente daño a personas y comunidades, entonces, es momento de que en el sector, se amplíe la visión, se unifiquen esfuerzos y se establezcan consensos para generar estrategias, instrumentos regulatorios, informativos y de apoyo financiero, que incluyan los procesos extractivos, productivos y de abastecimiento para que finalmente podamos decir que estamos en el camino correcto hacia una construcción circular.


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