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20 años Instituto de la Construcción

Fernando Pérez : “Construir bien para nosotros debería ser sinónimo de tener una mejor vida”

Desde una perspectiva académica y profesional el arquitecto de la Universidad Católica entrega su visión del estado actual y los desafíos del sector construcción.
Noticia 3En las oficinas del Doctorado de Arquitectura y Estudios Urbanos de la Pontificia Universidad Católica de Chile, nos recibe Fernando Pérez Oyarzún, arquitecto de la misma casa de estudios y doctor arquitecto de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, para compartir, desde una mirada académica y profesional, su opinión sobre el estado del arte y los desafíos que enfrenta el sector construcción del país.

Con vasta trayectoria, Pérez ha trabajado como académico en la Escuela de Arquitectura UC desde 1974, también fue director de la Escuela entre 1987 y 1990 y decano de la Facultad de Arquitectura y Bellas Artes entre 1990 y 2000.

Paralelamente, ha ejercido como arquitecto consiguiendo exponer y publicar parte de su trabajo, tanto en Chile como en el extranjero. Ha sido Visiting Design Critic de la Universidad de Harvard y profesor de la Universidad de Cambridge en el año 2000.

Actualmente se desempeña como profesor titular de la Facultad de Arquitectura Diseño y Estudios Urbanos, es jefe del Programa de Doctorado en Arquitectura y Estudios Urbanos, PUC y director del Centro de Patrimonio Cultural de la misma universidad.

En el contexto de la celebración de los 20 años de existencia del Instituto de la Construcción, Fernando Pérez reconoce el accionar y la importancia de la institución como mesa transversal y convocante, y hace un análisis de lo que a su juicio son las fortalezas y debilidades de este sector.

1. A su juicio, ¿cuáles son las principales fortalezas y avances en términos de modernización y ventajas de la construcción, edificación e infraestructura en Chile?

Creo que podría contestar esta pregunta tanto desde mi experiencia académica, en la que he dedicado parte de mis esfuerzos a la evolución de la arquitectura del siglo XX, como también desde la profesional, que tiene relación con el mundo de la construcción más personalmente, y que involucra lo que ocurre hoy.

Entre los muchos puntos que se podrían destacar, yo creo que está el modo en que la construcción ha tenido que enfrentar las dificultades específicas de Chile. En eso han tenido un rol muy importante los terremotos, pues estos son progresos muy antiguos, ya durante la Colonia los constructores se esforzaban por encontrar un modo de levantar edificios que perduren, pues estos se les caían a cada momento, y cada uno de estos eventos fue muy traumático y como sabemos, toda la historia de Chile está marcada por la historia de estos movimientos. Ahora, hablando más contemporáneamente, en el siglo XX hemos tenido muchísimos terremotos, pero algunos han sido particularmente notorios, como por ejemplo, el de Valparaíso en 1906, que fue más o menos simultáneo con uno ocurrido en San Francisco. Luego tenemos el de Chillán de 1939, que involucra un esfuerzo de reconstrucción muy grande, y luego en 1960, tenemos el evento que está registrado como el más relevante en la historia mundial.

En esos momentos es que uno se da cuenta que, en cierto modo, cada uno de esos movimientos ha ido forzando a la actividad de la construcción y a los diversos técnicos involucrados en esta disciplina para evaluar cómo enfrentarlos. Un estímulo muy importante para un perfeccionamiento técnico, por una parte, y por otro lado, para la generación de regulaciones y políticas públicas que han ido asegurando el estado de la construcción en Chile. Ese me parece un avance muy significativo y muy visible, pues es algo que hasta hoy se destaca en todas partes. Por ejemplo cuando hay eventos similares a los de Chile, en otros países suele haber mucho más daño, muchas más muertes y en Chile, no es que estemos libre de eso, pero hemos avanzado un buen poco.

Probablemente, un segundo aspecto tiene que ver con la organización del sector, por así decirlo, de la industria. Evidentemente, ha habido un progreso en temas de productividad, organización, manejo de procesos y, en ese sentido, la construcción se ha profesionalizado y ha recibido el fuerte influjo de otras disciplinas, como por ejemplo, la economía o la ingeniería de sistemas. Estas han contribuido a darle entidad a una actividad que es sumamente compleja, porque se sabe que la construcción involucra un conjunto muy grande de industrias, fenómenos, saberes, y por tanto, articular todo eso desde un pequeño edificio hasta una gran construcción es difícil y creo que en eso se ha avanzado.

concurso-tecnologico intAdicionalmente, creo que como en todos los avances, también existen peligros, y entre esos puedo vislumbrar algunos en el horizonte, no es que pueda afirmar ‘hay aquí un grave problema’, pero veo que de pronto la eficiencia -que es un gran bien del sector- al construir de pronto se entiende en un sentido demasiado restrictivo y eso puede atentar, en ocasiones, contra la calidad. No siempre eficiencia y calidad van de la mano, yo puedo construir más barato y en menos tiempo, pero a veces mis resultados no tienen el mismo nivel. Y para mí, otra cosa que resulta un poco preocupante, podría ser la pérdida de la valoración de algunos oficios del sector en función de la industrialización, esa dimensión que uno podría decir es más "artesanal", que involucra que un material esté bien puesto, que un yeso esté bien hecho, en fin, eso cede terreno frente a otras determinantes, lo que me parece preocupante.

También me pregunto frecuentemente, pues no soy experto en esto, pero simplemente como un testigo, a qué se debe el -a mi juicio- importante aumento de los precios en la construcción en Chile, yo me preocupo si frente a precios similares en el terreno internacional, nosotros sostenemos calidades parecidas y a veces tengo dudas al respecto.

2. ¿Qué aspectos habría que reforzar para robustecer el sector de cara al futuro?

Yo creo que iniciativas como el Instituto de la Construcción son importantes por la capacidad que tiene de reunir actores muy diversos, con perspectivas e intereses distintos. El poner a conversar alrededor de una mesa a gente que legítimamente tiene estas visiones: la económica y del negocio, la del resultado final, las dimensiones sociales del proceso, etc., creo que es muy importante, y reforzar instancias como esas, donde puede haber no solo una conversación, sino una visión sobre lo que puede ser beneficioso para el sector.

En ese sentido, yo tengo la sensación que profesionalmente se está en un buen nivel, en general, en las empresas constructoras, pero creo que todavía podríamos avanzar mucho. Justamente, esa pérdida de los oficios, que mencioné antes, esos que se transmitían de una manera informal, quizá habría que reemplazarla por una formación técnica más sistemática que fuera acompañada de una dignificación de esos trabajos, la construcción es algo en la que participa mucha gente y a veces muchas manos de esos procesos se borran y son fundamentales. Entonces, comprender bien la importancia y la dignidad que tiene cada uno de esos actores, incluyendo la mano de obra, es realmente muy importante.

Y otra cosa que yo diría, y que es algo en lo que tal vez el Instituto podría prestar un servicio, es esa visión de más largo plazo, es decir, que hay que mirar en plazos más largos los reales resultados de la construcción. A veces solo se tiene presente el valor de la inversión inicial y el margen de venta y la venta a corto plazo, pero con la construcción se hacen ciudades, se hacen territorios, y eso dura mucho tiempo y afecta a generaciones de personas, por tanto pensar un poco más a largo plazo sobre cuáles van a ser los resultados, nos puede iluminar en cómo hacer mejor las cosas hoy día y de eso creo que todavía nos falta un buen poco. Todavía no pensamos necesariamente la construcción como una inversión, la pensamos como un gasto y eso es una diferencia relevante.

3. ¿Cómo deberían orientarse los esfuerzos públicos y privados para fortalecer la construcción en Chile hacia el futuro?

Déjeme decirlo desde un punto de vista bien de arquitecto, o por lo menos, lo que yo creo que es un arquitecto. Siento que hay que reforzarlos teniendo presente que el resultado final es la calidad de vida de las personas, partir desde ahí hacia atrás, es decir, para conseguir eso, ¿qué es lo que tengo que hacer?

Entonces, si uno piensa de esta manera, ¿por qué la gente construye? Construye porque finalmente la vida está íntimamente ligada a la necesidad de transformar el entorno y esa transformación no es un agregado, sino que es parte integrante de la vida humana. Entonces, construir bien para nosotros debería ser sinónimo de tener una mejor vida y eso obviamente se va a canalizar por distintos sectores, tener una mejor vida en la condición pública de las ciudades, tener una mejor vida a nivel doméstico, tener una vida más rica en relación al equipamiento público, privado y doméstico, por lo que creo que la calidad de vida puede ser un punto de partida y que muchas veces puede ordenar las inversiones, las técnicas, y creo que ese debería ser el faro que ordene el perfeccionamiento, por así decirlo, del sector construcción.

4. ¿En qué ámbito usted considera que es relevante el encadenamiento entre el sector público, privado y académico?

Yo diría en todos, esta es una relación circular y bien de ida y vuelta. La construcción está enormemente afectada por las políticas públicas, pensemos solamente en las regulaciones urbanas o en las políticas de desarrollo urbano, finalmente un empresario de la construcción decide hacer en un terreno, por poner un ejemplo, solo lo que las normas le permiten y, por tanto, la determinación de las normas, que es importante dentro de la construcción, es una parte invisible que no tiene materiales, pero que es fundamental.iStock 000023008831 Double 587x330

Sin ir más lejos, en la discusión de los ghettos verticales, qué es lo que contestan los empresarios de la construcción: "Las normas me lo permiten". Entonces, evidentemente la acción del Estado es muy importante, pero esta acción debe estar informada, sin duda, por la experiencia de la gente que trabaja directamente en el sector, que conoce diariamente la manera de llevar a cabo esta especie de batalla diaria que es la construcción y que muchas veces está llena de tensiones y dificultades.

Entonces esa experiencia es muy importante y, por otro lado, la industria de la construcción es muchas veces fuente de innovación, es muy permeable a la incorporación rápida de cambios de técnicas, de nuevas maquinarias, de formas de construcción que resulten más eficientes. Yo recuerdo a un gran profesor de nuestra facultad y un gran constructor, que tuvo tanto que ver con la construcción de las primeras líneas del Metro, Eduardo Pinto Lagarrigue, él siempre decía: la innovación de la construcción está en las empresas.

Por otro lado, las universidades tienen o deberían tener el tiempo y el espacio para, por una parte, investigar, medir, evaluar todos estos nuevos procesos, que por una cosa de exigencia diaria las empresas no tienen. Además, las instituciones académicas se benefician de ese contacto, justamente porque no son tan permeables a esa incorporación de innovación, dado que no tienen una necesidad tan directa. Por ejemplo, si una empresa sabe que ahorra un 30% haciendo las fundaciones de otra manera, va a cambiar el procedimiento, y puede que en la universidad se siga transmitiendo un solo modo de cómo hacer las fundaciones de un edificio por un tiempo más. Entonces, yo creo que los tiempos, los intereses, el conocimiento mutuo de todo esto es, sin duda, bastante importante, y como digo es un conocimiento y una interacción que es circular y de ida y vuelta.

5. El Instituto de la Construcción cumple 20 años en 2017, ¿Qué aportes considera que han sido relevantes en este tiempo y por qué?

Yo no tengo un panorama tan preciso de toda la labor del Instituto, pero me parece que las cosas que he nombrado antes, como por ejemplo discusión de normativa, han sido significativas y me parece recordar que en el último tiempo han trabajado temas sobre eficiencia energética y que han sido muy importantes.

Ahí es donde se demuestra la complejidad de lo que significan mayores inversiones públicas o privadas, lo que significa el conocimiento técnico sobre un área específica o las consecuencias a largo plazo que algo pueda tener. Eso es un campo en el que típicamente ha tenido y podría tener en el futuro una labor más o menos significativa, porque hemos avanzado en eso, pero todavía quizás no lo suficiente.

Tenemos que ver cuál es el paso que nuestro desarrollo y economía nos permite, porque tampoco es cosa de voluntarismo. El ámbito de la eficiencia energética, por ejemplo, demuestra que cuando las inversiones son ligeras o al inicio, pueden tener consecuencias de largo plazo muy significativas, en términos incluso económicos, pero también en otros como en la calidad de vida y la salud de las personas. Entonces ahí es donde se demuestra este complejo tejido que puede tener la construcción con la vida social.

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